Desaparece el impuesto de la explicación
Antes los autores dedicaban páginas a establecer que una máquina podía mantener una conversación o evaluar a una persona. Ahora el lector llega habiendo hecho eso mismo esa misma mañana, y esas páginas ya no hacen falta.
Ese espacio liberado ha ido a parar a la consecuencia. La ficción de IA contemporánea puede empezar donde antes tenía que terminar.