El intervalo que falta
La ciencia ficción lejana concede al lector una comodidad que rara vez advierte: tiempo. Entre el presente y el desastre imaginado median décadas en las que alguien podría intervenir. La ficción de futuro cercano elimina ese intervalo.
Situar una novela dieciocho meses por delante impide al lector localizar el punto en el que las cosas podrían haberse detenido, porque ese punto ya quedó atrás.